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CASTELLÓ 9 (Madrid)

15 febrero, 2011

Pequeña decepción el otro día en el que fuera el mejor exponente de la cocina navarra en Madrid. Llevábamos tiempo sin ir a Castelló 9, casa de la que durante una época fui asiduo, y nos quedamos todos con una sensación de restaurante en claro declive. Es como si poco a poco su llama que antes brillaba con fuerza se fuera apagando. Esa sensación se notaba en la sala, los camareros, los platos,etc. Se han quedado atrás, no han sabido evolucionar, y ahora con la crisis eso les ha pasado factura. Probablemente de manera demasiado severa; un correctivo muy duro que probablemente no se merezcan. Sin duda esperamos que sean capaces de resurgir y volver a ser lo que fueron. Debo adevrtir que no comimos mal, aunque los precios están algo subidos.

De aperitivo nos sirvieron unas croquetas bastante vulgares. Quisimos probar una variedad de platos, así que pedimos la mayoría de ellos en medias raciones. Muy bueno como siempre el salmón marinado en casa, con salsa de eneldo y patatas a la crema. También nos gustaron los huevos escalfados Castelló 9, pochés y sobre una cama de fetuccini frescos de espinacas. Todo ello gratinado. Menos nos gustó el jamón, que no está a la altura.

La caza siempre ha sido una de las grandes especialidades de Castelló 9. Tenían como sugerencia unas perdiz estofada que servían deshuesada con una salsita suave de albaricoque. Intensa y sabrosa, sin embargo le faltaba un poco de entidad al conjunto. La merluza a la romana flojita flojita. La primera vez llegó cruda y hubo que devolverla. Muy mal detalle que nos volvieran a traer el mismo trozo ya cortado que había vuelto a freír. Estaba incomible, y lo devolvimos. La verdad eso sí, es que no nos pusieron ninguna pega. Pero un restaurante de esta categoría no puede servir una merluza de tan baja calidad. Mejor el rape con salsa americana y vieiras. Bien de cocción, y la vieira exquisita. El steak tartar sigue siendo otro de los grandes platos de esta casa. Cortado a mano, nos lo dieron a probar hasta lograr el punto deseado. Acompañado de unas tostaditas de pan de molde.

Entre los postres, el vencedor claro son las crêpes suzette que bordan, aunque debo decir que las de Piñera están aún mejores. También probamos una mousse de chocolate bastante normal. Acompañando el café unas tejas revenidas y unos trocitos de turrón. Nada del otro mundo.

Castelló 9 fue uno de los grandes de Madrid, de los denominados “mesas de poder”, en que los grandes empresarios y políticos eran vistos con frecuencia. Ahora es sólo un espejismo de aquello. Se sigue comiendo en general bien, aunque han bajado la calidad de algunas materias primas (control de costes, imagino) y los precios han subido en exceso. Una pena.

Datos Prácticos:
Castelló 9
c/ Castelló, 9
Madrid
Tel: 914 359 134
Precio medio: € 60
Cerrado domingos y festivos
Accesible silla de ruedas
Aparcacoches
Anuncios

MUI (Madrid)

7 febrero, 2011

Ayer por fin fui a visitar Mui, la taberna de tapas que Juanjo López Bedmar ha abierto hace menos de un mes, en el local contiguo a su afamada Tasquita de Enfrente (de la que se puedo leer la crítica que hicimos de ella hace un par de años aquí). Por cierto, hablando de la Tasquita de Enfrente, no quiero dejar de contar lo que nos pasó ayer. Penoso trato el recibido ayer en La Tasquita de Enfrente. Pese a tener una mesa reservada y confirmada para las 10 de la noche, a las 10:35 seguían sin sentarnos. Al parecer se había presentado un cliente habitual de la casa, y le habían dado nuestra mesa. Juanjo nos dijo a las 10.05 que esperáramos 10 minutos. Luego a las 10:30 nos volvió a repetir lo mismo, que a ver si en 10 minutos nos podía hacer un hueco. En esto, ni nos ofrecen una caña en la barra. A las 10:35 nos fuimos, hartos de esperar. Ni una disculpa, ni una llamada para pedir perdón, nada de nada. Impresentable! Desde luego, no volveremos. Le debe ir muy bien a Juanjo para tratar así a sus clientes, pero desde luego si esto es habitual, no le auguro mucho más futuro.

Pero no era de La Tasquita de Enfrente de lo que queríamos hablar hoy, sino de Mui, su nuevo local. Se trata de un espacio bastante amplio, con diferentes barras “temáticas”, de las que algunas siguen sin estar abiertas pese a llevar ya un mes de funcionamiento. Para los que no conozcan La Tasquita, ambos locales se ubican en la calle de la Ballesta, detrás de la plaza de Tudescos. Zona en pleno proceso de rehabilitación, reconvertido en lo que ahora llaman TriBall (zona Triángulo Ballesta, “que contando con el apoyo del Ayto. de Madrid, agrupa a más de 110 comerciantes de la zona, con el objetivo fundamental de recuperar la capacidad de convocatoria de la zona e impulsar una nueva oferta comercial de calidad y con sello propio”). Una zona que poco a poco empieza a recuperar el sendero apropiado, y ya es más limpia y más segura. Pero bueno, no nos desviemos del tema, que hoy estoy muy denso. Hablábamos de Mui. En el local predominan los tonos blancos, con una larga pared blanca en la que personajes famosos y amigos de Juanjo y Mercedes les han escrito divertidas dedicatorias. Es curioso el contraste ese minimalista y “moderno” con el aspecto de “taberna de toda la vida” que se ha intentado imprimir al local. De las tres barras de que se compone, la primera se dedica a los pescados, principalmente conservas de Ramón Peña. La segunda, dedicada a los embutidos. Una barra “patrocinada” por Negrini, que ha causado mucho revuelo. Yo personalmente también soy de los que piensa que deberíamos promover nuestros embutidos, en vez de dedicar una barra a los embutidos italianos, más caros y peores que los españoles. Pero bueno, marketing, ahorro, patrocinio, y demás parece que les ha llevado a tomar esta decisión. La tercera barra, la del fondo, y en nuestra visita cerrada, parece ser que estará dedicada a las ostras y al “show cooking”.

Pero obviamente la oferta gastronómica no se queda aquí. En todas las barras se ofrece una variada carta de tapas, con platos muy sugerentes. Propuestas como unas gildas que están teniendo mucho éxito, gambas al ajillo, berenjenas rebozadas con salsa de miel y mostaza, croquetas de jamón, alitas de pollo, mini hamburguesa “mui” poco hecha, ensaladilla rusa, “huevos duros de Sacha”,oreja a la plancha, etc. También algún que otro guiso del día completa la oferta.

Nosotros probamos tres tapas distintas. Empezamos con unos torreznos acompañados de una yema muy poco hecha, para mojarlos en ella. Los torreznos bastante ricos, aunque me hubieran gustado un poco más crujientes. También probamos unas exquisitas patatas brava, en las que la salsa es la gran protagonista. Es verdad que hacía mucho que no tomábamos unas bravas tan ricas (puede que las de Docamar, en Alcalá 337). Al parecer la recerta viene del padre de Juanjo, y están exquisitas. Lo otro que probamos fueron unas mollejitas de cordero, muy pasaditas en la plancha y con una reducción dulce, que también nos gustaron mucho.

La oferta de cerveza se limita en exclusiva a la gama de Brabante Cervezas. Una cerveza española, realizada en Flandes, que cuenta en su oferta con cinco modelos diferentes, todos ellos de una altísima calidad, y que está teniendo un gran éxito. Podéis ver más información de Brabante aquí, y además podréis realizar pedidos directamente. Una cerveza que os recomiendo mucho.

Como veis, oferta interesante y apetecible de tapas, y todas ellas parece que muy logradas. En el piso superior tiene un poco espacio “privado” para tomar copas; un lugar destinado a amigos y buenos clientes de la casa, en el que se servirán buenas copas y cócteles.

Me dio la sensación que aún le falta algo de rodaje, pero sí nos gustó bastante lo poco que probamos. Aunque me temo que tras el “incidente” en La Tasquita de Enfrente, no creo que volvamos. De ahí, el contaros (actualidad manda) de este sitio, pese a lo limitada de nuestra experiencia. Sin embargo, si estáis por la zona, Mui es una buena opción para picar algo. Los precios, bastante contenidos.

 

Datos prácticos:

MUI
Ballesta, 4
Madrid
Tel.: 91.522.57.86
No admite reservas
Accesible silla de ruedas

EL BUND (Madrid)

26 enero, 2011

El Bund es uno de esos tesoros escondidos que poco a poco van surgiendo en Madrid. De hecho me muestro incluso un poco arrepentido de compartirlo con vosotros. Os adelanto lo principal: local muy agradable, especialmente un maravilloso jardín en la parte posterior; aparcacoches; cocina exquisita; baratísimo. Seguro que ahora os apetece seguir leyendo, ¿verdad? Pues os cuento con más detalle y seguro que os surgen las mismas ganas de ir a conocerlo que a mi de repetir. La historia de El Bund es aún muy corta, pero sus aspiraciones son grandes y cuenta con cimientos sólidos para ello. Busca ofrecer una cocina china auténtica, menos “europeizada” que de costumbre en nuestra ciudad. Para ello cuenta con dos chefs recién llegados de China. Uno se encarga de los deliciosos dim-sum y la pasta fresca. El otro, el resto de la amplia y variada carta. Una carta por cierto en la que todo apetece probarlo. La entrada al local, en el que predominan los rojos, es un poco chocante. Pero enseguida te hace a ello y resulta agradable. En verano, su jardín trasero estoy seguro se va a convertir en uno de los más deseados de Madrid. Pero dejémonos de prolegómenos y hablemos de la comida.

Empezamos como es casi obligado, con una amplia selección de dim-sums, todos ellos a un altísimo nivel. En primer lugar unos jiaozi a la plancha, con relleno especial a base de carne de cerdo y especias. Los dim-sum a la plancha resultan mucho más sabrosos que los que van al vapor, pero suelen ser más difíciles de encontrar, especialmente que sean buenos; estos lo eran, y mucho. Seguimos con el jiaozi 9 dragones, con relleno de huevo frito y espinacas. Diferente, delicado, exquisito. El que menos nos gustó fueron los Sheng Jian, típicos de Shanghai, al vapor, y con un relleno muy especiado y caldoso que explotaba en la boca al morderlo.

Muy curiosa la ensalada de medusa crujiente, acompañada de verduras picadas y aliño de soja. Refrescante. El pato no se ofrece en su típica versión con tortitas, y se agradece. Probamos primero el pato de la casa, una pecguga al estilo Waitan, cocinada a fuego lento en caldo, con guarnición de tofu y verduras. Sale crujiente y aparentemente seca, pero resulta muy tierna y jugosa. La segunda versión del pato fue el pato con 8 tesoros, un pato guisado con frutos secos, semilla de loto, dátiles y bayas de goji. También probamos el solomillo de estilo Sichuan, y la ternera también de estilo Sichuan. Tremendamente picantes (de verdad, muy muy picantes) pero si soportas un poco el picante, están buenísimos ambos (probablemente nos gustó más la ternera que estaba algo más suave).

Para acompañar todo, y suavizar los picantes, pedimos algo de arroz y pasta fresca. Exquisito el arroz frito de la casa, con verduras y gambas, y envuelto en una tortilla de huevo. Los fideos frescos caseros hechos a mano “lamian” salteados con setas shitake, huevos, jamón chino y verduras nos gustaron mucho también. Lo mejor sin duda en este apartado fue una estupenda pasta cortada a mano, salteada con verduras.

Los postres, como suele suceder en la mayoría de restaurantes asíaticos, no están a la altura del resto de la carta. Carta de postres muy limitada, y cara, en la que sólo es destacable el fondant de chocolate. La carta de vinos es más completo de lo habitual en restaurantes chinos, ya que ha sido elaborada por la enóloga María Manzanares.

El Bund es un magnífico restaurante chino, con una cocina de calidad muy diferente a la que conocemos en Madrid. Con un precio medio de € 25, y una terraza muy agradable, habrá que ir reservando mesa para este verano.

Datos Prácticos:
El Bund
c/ Arturo Baldasano, 22
Madrid
Tel.: 911 151 813
Precio medio: € 25
Accesible silla de ruedas
No cierra
Aparcacoches

ASTURIANOS (Madrid)

17 enero, 2011

Asturianos es uno de esos sitios del que me habían hablado una y otra vez, pero que por unas razones o por otras, nunca había acabado de visitar. Ahora que ya he ido, si os soy sincero, me arrepiento del tiempo perdido. El negocio lo ponen en marcha dos hermanos, Alberto y Belarmino Fernández Bombín, que tras iniciarse en el mundo de la odontología, decidieron que eso no era lo suyo. Su madre, en los fogones, domina como pocos los platos de cuchara tradicionales asturianos. El local no invita mucho a la visita: se trata de un bar oscuro, con un estrecho pasillo al fondo por el que se accede al diminuto comedor. No apto para claustrofóbicos, no quiero ni imaginarme cómo debía ser aquello antes de la prohibición de fumar. Impulsados por la visita de unos grandes amigos, ella granadina, él suizo-mexicano, y actualmente residentes en Qatar (lo siento por la RAE, pero me niego a escribirlo con “C”), y ante el reto de sorprender un domingo 2 de enero, con todo Madrid cerrado, a dos gourmets de semejante nivel, me aventuré a organizar una cena en esta casa.

La carta es larga y apetecible, y la de vinos inexpugnable. Tienen de todo, y a buenos precios, demostrando su pasión por el vino. Mientras nos decidíamos nos trajeron un poquito de embutido, pero veníamos con ganas y hambre, así que la espera fue corta y enseguida empezaron a desfilar manjares a cada cual mejor que el anterior. Empezamos con un chorizo a la sidra, probablemente el único plato “prescindible” de cuantos probamos. Nos atendieron de maravilla, y “jugaron” un poco con nosotros en el apartado de vinos. Se trataba de hacer catas ciegas, e intentar adivinar los vinos. Desgraciadamente ni nos acercamos. El primero era un Esporao Reserva 2007 D.O.C. de Alentejo que estaba extraordinario. Tras el chorizo llegaron unas sorprendentes croquetas de cabrales, plátano y ciruelas, que hicieron las delicias de todos, hasta el punto de eclipsar unas albóndigas perfectas de boletus. Eso sí, no puedo dejar de mencionar que sólo unos días después, a unos familiares estas mismas croquetas se las sirvieron duras como piedras, insulsas, incomibles.

Como buena casa asturiana, los platos de cuchara son los protagonistas, y no pudimos resistirnos a la tentación de probar verdinas y fabes. Las verdinas, las mejores que hemos probado nunca. Preparadas con marisco -gran abundancia de almejas- se deshacían en la boca. Suaves, delicadas, con todo el sabor a legumbre fresca, en un guiso difícilmente mejorable. A partir de ahí el grado de éxtasis de todos los que estábamos en la mesa era total. Pasara lo que pasara de ahí en adelante, nos habían conquistado. Todos de muy buen humor, y con el local ya tranquilo por ser muy tarde (casi las doce de la noche), seguimos jugando con los vinos. El turno ahora era para un Tres Patas, de Mentrida, Toledo. 80% garnacha, acompañada de Syrah, es un vino joven que acompaña bien chacinas y embutidos, incluso platos de caza, pero que se nos quedó un poco corto tras la opulencia del Esporao que nos habíamos bebido antes. Con el vino toledano llegaron las fabes, con boletus. Misma historia que las verdinas: sólo se pueden definir como inmejorables. Ración generosa, en gran fuente de barro, que nos dio para probarlas 6, e incluso para repetir.

Pese a que empezábamos a estar llenos, no queríamos irnos sin probar las carnes (los pescados los dejamos para la próxima visita). Chuletitas y entrecôte al cabrales fueron los elegidos. Las chuletitas sabrosas y bien fritas, con unas patatitas fritas hechas en casa, algo toscas. El entrecôte fileteado de primera, pero sobre todo hay que destacar la cremosa salsa al cabrales que acompañaba. Tan rica estaba que nos vimos obligados a acabarla con pan. No podíamos irnos sin probar la afamada carrillera de Asturianos, así que abrimos una tercera botella de vino. En este caso un Avan, de Ribera del Duero (Bodegas Juan Manuel Burgos), un vino de uva tempranillo que acompañaba bien la fuerza de la carrillera. De ésta sólo puedo decir que mereció la pena “hacerle un hueco” en nuestros ya atiborrados estómagos. Tanto es así, que al final nos quedamos con ganas de probar más cosas, pero ya no éramos capaces.

Un par de postres como remate final, con una botella de Moscato d’Asti (vino dulce italiano) para suavizar. Extraordinario el flan de queso, elaborado a partir de 5 quesos frescos asturianos. Más normal era la mousse de chocolate, que pese a su extravagante nombre (mousse de chocolate con aceite de oliva, pimienta y sal maldón) no tenía nada realmente distinto de una mousse de chocolate tradicional.

Una cena memorable e inolvidable, y no sólo por la compañía, inmejorable en este caso, sino también por el gran descubrimiento de esta “casa de comidas” de la que sin duda nos haremos asiduos. No pararé hasta probar todos los platos de la larga carta. Además, ¿sabéis lo mejor? De precio es más que correcto, barato incluso para lo que comimos… Os animo a visitarla. En mi caso, entra directamente en “mis favoritos”… Aunque espero que cierta irregularidad que me comentan recientemente se deje aparcada.

Datos prácticos:
Asturianos
Calle de Vallehermoso 94
Tel.: 915.335.947
Precio medio: € 35
Cierra sábados todo el día
Accesible silla de ruedas

GOBOLEM (Las Rozas, Madrid)

10 enero, 2011

Últimamente estoy en racha, y no hago más que encontrarme muy gratas sorpresas gastronómicas; y Gobolem Las Rozas ha sido probablemente la principal de estas Navidades. De mi época de estudiante de empresariales en el CEU recordaba Gobolem en Julián Romea y en San Francisco de Sales como asadores correctos, pero sin más. Por eso cuando me hablaron de Gobolem Las Rozas reconozco que me dio un poco de pereza irme hasta allí convencido que me encontraría un restaurante más, sin tampoco mucho interés. Pero ay amigos, ¡qué equivocado estaba! En un chalecito muy cerca de la carretera de la Coruña desde hace años se desarrolla una cocina de calidad, tradicional pero que ha sabido adaptarse a los tiempos actuales, y con un servicio impecable. El local cuenta con un acogedor comedor interior, que antaño era la zona de no fumadores, y una terraza cubierta que invadían los fumadores. Abajo, un agradabilísimo jardín, y una bodega cerrada con una mesa con capacidad hasta 22 personas.

Nos pusimos en manos del propietario, que con maestría dirige la sala. El festín empezó con unas tiernas alubias rojas, nada grasientas, que se deshacían en la boca. Seguimos con una tosta crujiente de foie con jamón ibérico y bañada en oporto, con un toque de manzana. Muy logrado el contraste de sabores (dulce/salado) y texturas (crujiente/meloso). Habitualmente el foie lo sirven bien en terrina con manzana caramelizada, bien en ensalada con jamón ibérico y pasas. Muy interesante también el pulpito frito con espuma de patatas y mojo rojo. El mojo le aporta más entidad al plato, con un pulpo que al estar frito tiene más consistencia y mucho menos “fecto chicle” del que habitualmente produce pulpo comido fuera de Galicia.

Como la cosa iba de probar la mayor cantidad de platos posibles, y cada cual nos gustaba más que el anterior, la fiesta continuó con unas alcachofitas confitadas acompañadas de albóndigas de ibéricos estofadas con setas. Aunque es un plato atrevido y debo decir que muy resultón, tuvimos mala suerte y por ponerle un pequeño pero a la comida, las alcachofas tenían un poquito de tierra. Una pena porque estaban soberbias. El pequeño fallo enseguida quedó olvidado con un increíble risotto de rabo de toro. Cremoso, suave, con la untuosidad obtenida con un punto perfecto de parmesano, y toda la fuerza y el sabor de un rabo de toro estofado que estaba tierno tierno. Un plato ganador sin duda.

Si los entrantes habían demostrado estar a un grandísimo nivel, no lo fueron menos los platos principales. Probamos un pescado y una carne. Empezamos con un bacalao confitado en aceite de oliva, al gratén de ali-oli con miel de romero. Reconozco no ser muy fan del bacalao, pero éste lo volvería a pedir con asiduidad. El choque entre el alioli y la miel de romero ensalzaban el bacalao que salía como gran triunfador de esa particular batalla. Nunca antes había probado un bacalao tan diferente y tan bien resuelto. Para terminar, tomamos un exquisito solomillo de buey a la parrilla con una ligera salsa de trufa. Muy buena pieza de carne.

Cuando creíamos que la fiesta había tocado a su fin, llegó con el postre lo mejor. Una vistosa esfera de chocolate con frutos rojos y crema helada de philadelphia, a la que añaden en la mesa una salsa de chocolate caliente. Postre bonito, vistoso, espectacular, y que sabe aún mejor. Cada vez soy menos de dulces y más de salado, pero con este postre creo que esa tendencia podría invertirla. Sin duda, el postre ganador de cuantos he probado en el ya extinto 2010.

Espero haber sido capaz de transmitir con suficiente detalle la gratísima sorpresa que nos encontramos con este soberbio restaurante. Sin duda, uno de los grandes de Madrid, y sin embargo algo desconocido para los que no somos habituales de la zona. Cocina con mucho detalle y técnica exquisita y depurada; servicio de sala amable e intachable; ambiente agradable y acogedor, que se torna casi idílico en verano en su jardín exterior; y una bodega completísima no sólo en lo referente a vinos sino también en espirituosos. No puedo dejar de mencionar una de las mejores cartas de ginebras que hemos visto últimamente. En definitiva, una dirección a tener muy en cuenta, de visita obligada. Uno de esos sitios para disfrutar mucho, y a precios muy razonables. Incluso ofrecen un amplísimo menú degustación a tan sólo € 39 (IVA incluido, como todos los precios de su carta)!!!. Os lo recomiendo sin ninguna duda.

Datos prácticos:
Gobolem Las Rozas
c/ Cornisa 18
Las Rozas, Madrid
Tel.: 916 340 544
Precio medio: € 45
Accesible silla de ruedas
Cerrado domingos noche

 

MEZZOGIORNO (Madrid)

28 diciembre, 2010

Interesante este nuevo restaurante italiano que ha abierto con muy altas aspiraciones, y la verdad es que parece tener bastantes tintes de éxito futuro. De la extinta Taverna Siciliana han surgido dos proyectos nuevos. Por un lado el Mercato Ballaró (en la calle Santa Engracia, en el local que ocupara el desaparecido Stendhal), con algunos buenos platos pero un malísimo servicio. Por otro lado, nace este otro proyecto, Mezzogiorno, en el Barrio de Salamanca, aunque algo retirado del circuito habitual. El que fuera maître de la Taverna, Maurizio Oggianu, se ha hecho cargo de la cocina de este pequeño restaurante, y por lo visto hasta ahora (lleva abierto desde verano) parece que no se le da demasiado mal. Con una cocina eminentemente del Sur de Italia, una carta bastante corta que esperamos cambie con frecuencia y un servicio atento al que sin embargo le falta aún algo de rodaje. En el local, un pequeño sótano casi escondido, predomina el blanco y el ladrillo visto. El ambiente es tranquilo, relajante.

De aperitivo nos sirvieron una focaccia blanca, con una crema de berenjenas y hierbas aromáticas. Sencillo pero muy rico y curiosamente refrescante. Como entrantes, compartimos un par de cosas. Empezamos con unas verduras a la parrilla con burrata pugliese y hierbabuena, que estaba exquisito. La burrata muy fresca y tierna, y las verduras al dente. Seguimos con una focaccina de sardinas, a la que le faltaba “algo de gracia” y que resultaba demasiado seca. Probablemente podrían mejorarla añadiendo delante del comensal un

chorrito de aceite aromático.

Tagliatelle con cangrejos

Entre los segundos la oferta es algo limitada. Básicamente, cuatro pastas, un risotto, una carne, un pescado, y alguna sugerencia fuera de carta. Probamos un risotto, una pasta de la carta, y dos pastas de sugerencia. El risotto, con pato, estaba con la cremosidad perfecta y muy bueno de sabor. Si hay que ponerle alguna pega, probablemente sería que tenía demasiado pato, y poco arroz. Curiosa esta generosidad, por la que desde luego no les deberíamos criticar. De la carta tomamos unos pappardelle con hierbabuena. Normalmente van con requesón, pero se les había acabado. Sin el requesón es un plato de pasta muy sencillo, en el que el protagonista era el punto de los pappardelle, muy al dente.Me quedo con ganas de probarlos con el requesón. De las sugerencias, nos decantamos por unos tagliatelle y unos linguini. Los tagliatelle venían con cangrejitos. Sabor muy intenso a mar, con un guiso de cangrejo que le daba importancia y untuosidad al plato. Nos encantaron, aunque eran bastante contundentes. Para terminar, los linguini con pulpo, que sin duda fue el plato que menos nos gustó de cuantos probamos. Demasiado fuerte y salado, la pasta era casi una convidada de piedra en el plato.

Entre los postres, como en el resto de la carta, una oferta reducida. Destaca un maravilloso tiramisú, como el que tenían en la Taverna Siciliana. Suave, cremoso, con los bizcochos bien bañados en ron (que no Marsala). También probamos un budín de chocolate, bastante normalillo, y un helado de vainilla que no está a la altura. Si quieren ofrecer helados, por un lado tienen que cambiar de proveedor, o mejorar la receta si es que es de ellos. Por otro lado, no se puede ofrecer sólo helado de vainilla. Tienen que ofrecer más sabores.

Como conclusión, un local que habrá que seguir de cerca en los próximos meses, y si mantienen la línea que han adoptado de inicio, pueden llegar a convertirse en uno de los grandes italianos de Madrid.Eso sí, suponiendo también que mantengan los precios, que ahora mismo, y para lo que estamos viendo en Madrid últimamente, son muy comedidos.

 

Datos Prácticos:
Mezzogiorno
C/. Lagasca 134
Madrid
Tel.: 915 643 076
Precio medio: € 30
No accesible silla de ruedas (se accede al local por unas estrechas escaleras que bajan al sótano)

NIKKEI 225 (Madrid)

14 diciembre, 2010

Nikkei 225 ha nacido con la promesa de convertirse en el gran triunfador de esta temporada gastronómica madrileña, y base para ello tiene, aunque antes tienen que pulir algún pequeño detalle fruto de la “inexperiencia”. Y lo digo entre comillas porque pese a estar recién abierto, al frente de esta casa se encuentran dos grandes conocidos de la cocina madrileña. Ante todo, Luis Arévalo, peruano, afincado en Madrid, y que es uno de los grandes de la cocina japonesa en nuestra ciudad. Formado inicialmente en el “estrellado” Kabuki, pasó a convertirse en el alma mater del grupo 99 Sushi. En la sede de la calle Hermosilla le vimos desenvolverse con muchísima soltura, y logró situar el restaurante en el olimpo de la cocina japonesa de Madrid. Ahí coincidió con Lai Rueda, la otra “cara visible” de Nikkei 225 (también ex-Kabuki), que no sólo pone su alma en la sala, sino que se ha encargado de una cuidada y acertada selección de la carta de vinos (puede que algo subida de precio para los tiempos que corren).

El local se divide en dos espacios totalmente separados y con decoraciones muy diferentes. El primero, entrando a la derecha, es un comedor mucho más minimalista, limpio, en el que el gran protagonista es la barra en la que Luis Arévalo desarrolla su arte. El segundo comedor, al fondo del local, es mucho más recargado, oscuro, pero elegante a la vez. Más íntimo podríamos decir. A mi personalmente me gusta mucho más el primero, con los grandes ventanales dando a la calle.

No es Nikkei 225 uno de esos restaurantes que te dejan indiferente. Te hace pensar, y exige una reflexión posterior. De hecho, no ha sido hasta la cuarta visita que he logrado reunir todo lo necesario para formar una idea correcta y poder escribir. Tuve la suerte de ser invitado a conocerlo el día antes de su apertura, y la sensación fue muy positiva. Luego ya, en otras visitas, hemos ido probando nuevos platos y viendo cómo evolucionaba. Pero entremos en detalles. Inicialmente la idea era ofrecer dos menús, pero han acabado quedándose con un menú degustación y una extensa carta, en la que la presencia de platos calientes es notable, con Vicente de la Red como responsable (también lo es de la repostería). No es este un restaurante japonés al uso, sino que nos encontraremos muchos ingredientes y platos de influencia peruana.

Paso a comentaros el último menú degustación que hemos probado, con un precio de € 65 (sin IVA ni bebidas). Empezamos con una refrescante ensalada de algas y mariscos, que recuerda un poco a la de 99 Sushi. Seguimos con un excelente koroke peruano, causitas fritas con cangrejo real. El menú sigue con unas ostras, que cambiamos por unas espléndidas gyozas (empanadillas) de langostinos y cerdo, con salsa a la naranja. Excelente el tiradito de naranja y batatas confitadas, y no menos exquisito el cebiche de corvina en crema de lulo. No podía faltar el salmón, en forma de tataki, y acompañado de una salsa de jalapeños, que quizás le roba protagonismo al salmón.

La tempura de cochas es otro de los platos de esta nueva andadura. Correcta sin más. Los niguiris, excelentes como siempre son los de Luis. Primero uno de pez mantequilla con salsa anticucho, que casi hace olvidar el “clásico” con trufa. El buey con huevo de codorniz es excelente, y el guncan de tartar de vieiras en crema huancaína es maravilloso.El menú acaba con un bacalao en crema de berberechos y ají amarillo, obra de Vicente, que parece querer anunciar que no todo lo que se sirve en esta casa son platos fríos.

Pero también hemos probado en otras visitas otros muchos platos dignos de mención. Para los que buscan sabores tropicales, buenísimo el hamachi con plátano. El salmón con huevo de codorniz no debe olvidarse, como tampoco un increíble carabinero lleno de sabor y muy muy jugoso, que sin embargo hará que la cuenta engorde.

En los postres se ha hecho un gran esfuerzo, pero a mi no han acabado de convencerme. Destaca un suspiro limeño con crema de leche con yuzu (cítrico japonés), merengue y helado de haba tonka.

El servicio muy atento y amable, funcionando bajo la batuta de Lai Rueda. Pero eso sí, lento, muy lento. Lentísimo. Lai me ha confesado que son conscientes de ellos y lo están trabajando, y de hecho me comentan que ya está mejorando. Pero desde luego en los inicios, lentísimo, exasperante. No sé si el fallo está en sala, o más bien, como me temo, en cocina, pero tienen que mejora mucho en ese aspecto. El precio es el otro punto un poco débil. Me resulta caro, más para los tiempos de crisis actual. Es difícil salir por menos de € 80 por persona, y en cuanto te descuidas, la cuenta alcanza los € 100. Mucho para hoy en día. Eso sí, se come bien, muy bien, y estoy seguro que según se vayan consolidando, se va a convertir en uno de los grandes de Madrid.

 

Datos prácticos:

Nikkei 225
Pso. de la Castellana, 15 (entrada por Fernando el Santo, 28)
Tel.: 913.190.390
Servicio de aparcacoches
Precio medio: € 80
Accesibilidad: sí lo es el comedor del fondo.
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