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EL VIEJO LEÓN (Madrid)

5 mayo, 2011

Son muchos los que me critican que últimamente parece que todos los restaurantes de los que hablo me encantan. Ni mucho menos es así, pero sí es cierto que siempre me acaba apeteciendo más hablar de las experiencias positivas que de las negativas. Sin embargo, hoy no es así, y os quiero hablar de mi última experiencia en uno de los restaurantes más clásicos de Madrid; una experiencia muy negativa en casi todos los sentidos, aún sabiendo que muchos considerarán que estoy cometiendo una injusticia. Pero os aseguro que ni mucho menos es así. El Viejo León es un pequeño restaurante francés ubicado en una boca-calle de Eduardo Dato, que fundó hace casi 40 años la francesa Marguerite Soubeyroud. Desde entonces poco o nada ha evolucionado este bistrot, en el que el famoso mal humor y antipatía de la propietaria ha contagiado siempre a sus empleados. Mil y una son las historias que se cuentan de las impertinencias padecidas por unos y otros en esta casa, Pese a todo, El Viejo León sigue teniendo “un algo” que hace que siga siendo un éxito. Obviamente el público ya ha cambiado, y ahora es algo más “casposo” si me permitís la expresión, junto a alguna parejita de enamorados en plena adolescencia, conocedores de historias de amor vividas por sus padres en esta casa. Como hacía mucho que no iba, y pese a que todos los comentarios que me habían llegado últimamente eran negativos, hace un par de semanas decidí organizar una cena con unos amigos aquí, y comprobar en primera persona cuan en forma sigue. No quiero adelantarme a mi relato, pero desde luego la experiencia fue mala, y sobre todo con un final muy amargo.

La carta de El Viejo León sigue siendo, salvo contadas excepciones, prácticamente igual que la de antaño. Cocina francesa en su más amplio sentido, con mucha preparación delante del cliente. Habíamos reservado para cuatro, finalmente fuimos 6. Esto que en cualquier restaurante no deja de ser una anécdota, aquí se convirtió en un problema de estado. Malas caras, impertinencias. Parecía que les habíamos hundido el negocio por ser dos más. Finalmente nos acoplamos los 6 en nuestra mesa de 4, y la cosa no pasó a mayores. La idea era compartir todo, o casi todo, para probar muchos platos. Empezamos con una fondue de queso. Exquisita de sabor, intensa y con el punto de alcohol muy marcado, sin embargo llegó completamente líquida a la mesa. Lo dijimos, pero la respuesta fue un contundente “aquí se sirve así”. Fin de la discusión. Insisto, de gusto era maravillosa, pero parecía casi una sopa. Apagamos la llama, y con el tiempo fue espesando y mejorando mucho. Seguimos con una crêpe de espinacas a la crema. Siempre ha sido uno de los grandes platos (cuanto más sencillo, mejor) de esta casa, y no nos defraudó. Probablemente de las mejores crêpes saladas que se puedan tomar en nuestro país, junto a la de cebolla caramelizada de La Virginia (Marbella). Otros entrantes clásicos de aquí son una sopa de cebolla con oporto, ideal para las noches de invierno, y un foie micuit de pato que es bastante aceptable, especialmente para lo que estamos acostumbrados en España. Por supuesto, caracoles bourguignonne también hay.

Los segundos aquí se centran principalmente en las carnes y la caza. El pato es una de sus cartas de presentación; lo traen directamente de Francia. Lo sirven en tartare, sus mollejas, en escalope, en tournedo, y también en sus dos formas más clásicas, el confit y el magret. Nos decantamos por el magret de pato, con una salsa de peras. A mi entender, demasiado hecho el magret, que debe llegar a la mesa aún con ese tono entre rojizo y rosáceo, pero sin llegar a sangrar aún. Estaba bastante más pasado, y la salsa de pera tiene excesiva identidad y le resta protagonismo al plato. Quizá sea que estamos más acostumbrados a “maridarlo” con manzana, naranja o frutos rojos. En cualquier caso, no me acabó de convencer.

Seguimos con un steak tartare de añojo. Durante años estuvo considerado el mejor steak tartare de Madrid; desgraciadamente ya dista mucho de ello. Recordamos muchos otros, como el de El Comité (también restuarnte francés del que hablamos hace tiempo), Castelló 9, o Las Reses entre otros.Excesiva cantidad (quién me iba a decir que yo me podía quejar de eso), resultaba excesivamente tosco. Pese a anunciar en la carta que iba acompañado por un “gratin dauphinois”, tuvimos que reclamar las patatas. El chateaubriand flambeado al whisky, excesivamente fuerte, con un retrogusto a caramelo quemado. La salsa es potente, demasiado, casi descontrolada, y arrolla la carne a su paso. El solomillo a la pimienta, correcto, sin más. La calidad de las carnes en general distaba bastante de lo deseable para el nivel de precios en que se mueve este restaurante.

Los postres siguen la tendencia marcada por el resto de la carta. Preparaciones sencillas, sin complicaciones, y en diferentes variantes. Así, tenemos crêpes con mermelada, con helado, con azúcar, con Grand Marnier,… También helados y una rica tarta tatin con helado de vainilla. A las crêpes les ponen a todas demasiado Grand Marnier, que luego no acaban de flambear del todo, por lo que la crêpe sólo sabe a ese fuerte aroma a alcohol que desprenden los licores de naranja.

Hasta aquí, como veis, una cena con más pena que gloria, sin ningún plato que provocara aplausos, pero aceptable. Sin embargo el momento fatídico llegó al pedir unas copas. Pese a la limitada oferta de ginebras (lógico en cualquier caso), pedimos unos cuantos gin-tonics. Disfrutando yo del mío, en un momento dado sentí algo raro en la boca. Al sacármelo, descubrí un pequeño cristal en forma triangular y puntiaguda que de habérmelo tragado bien podía haberme rajado el estómago o cuanto menos la lengua. Entre el asombro generalizado de toda la mesa, avisé de lo que había pasado. Normalidad absoluta entre el personal. “Ah, vaya, no sé cómo ha podido pasar” y siguió su camino. Ni ofrecerse a cambiar la copa, ni invitarnos a una ronda de copas, ni – como mínimo – pedirnos un millón de disculpas absolutamente abochornados. Un accidente nos puede ocurrir a todos, pero un restaurante ni puede ni debe permitirse que un comensal se encuentre un cristal. Es peligroso; probablemente lo más peligroso que puede ocurrir en un restaurante. Desde luego si llega a pasar, la reacción debe ser otra muy diferente.

Ya de mal humor, y enfadados, no quisimos ni terminarnos las copas. Pagamos y nos fuimos. A la salida, ante el maître, volvimos a plantear nuestra queja y sorpresa ante el incidente. Ni respuesta obtuvimos. Durante estas dos semanas he intentado ponerme en contacto con el encargado en un par de ocasiones. Pese a dejar el recado, ni se ha dignado devolverme la llamada. “Afortunadamente” el incidente no quedará silenciado, sino que a través de estas páginas, éste humilde escritor, llama a todos a no admitir este tipo de actitudes. Madrid tiene una oferta gastronómica de mucha calidad, como para permitir que nos tomen el pelo.

Incidente al margen, servicio bueno pero muy impertinente, y precios muy muy altos, para nada justificados con la calidad de la comida. Lo siento, pero no me verán más por ahí.

Datos prácticos:
El Viejo León
c/ Alfonso X, 6
28010-Madrid
Tel.: 91 310 06 83
 
Precio medio: € 60
Cierra sábados comida y domingos
Accesible silla de ruedas.

MERCATO BALLARÓ

6 abril, 2011

Cuando a finales del año pasado se desintegró la maravillosa Taverna Siciliana, surgieron de ella dos nuevas propuestas con un denominador común, pero aspiraciones muy diferentes. De Mezzogiorno ya hemos hablado en estas páginas, y hoy le toca el turno a Mercato Ballaró, el restaurante y bar de Angelo Marino, quien fuera durante más de una década el alma de la Taverna Siciliana. Mercato Ballaró no es un restaurante al uso. De hecho, pese a visitarlo con bastante asiduidad, me ha costado bastante animarme a escribir de él en estas páginas por la necesidad de reflexionar más acerca del objetivo que Angelo busca con este nuevo proyecto. Ubicado en lo que fuera Stendhal, el sitio que Pablo Soler puso en marcha, y que injustamente no acabó de cuajar pese a su soberbio brunch, el local se compone de dos espacios perfectamente diferenciados en dos plantas. La planta baja, con mesas altas y taburetas, una barra que recuerda a las de las Cerverías Santa Bárbara, y cuatro mesitas bajas, fomenta el tapeo, el aperitivo, el picoteo. Arriba en cambio asistimos a un restaurante mucho más formal, de ambiente cuidado, que intenta recordar algo el ambiente de la Taverna Siciliana.

Pero entremos en detalle, y empecemos con “Mercato Abajo”, que me convence mucho más que la parte de arriba. La oferta abajo como decía está muy enfocada al picoteo. Mesas de madera, sin mantel. Entre los entrantes, destaca un “Panne Fratau con uova di gallinella in libertá” que básicamente es una base de pan sardo crujiente, con huevo, salsa de tomate y queso peccorino. Exquisito y diferente. También nos gustan los “Involtini di melanzane e zucchine ripiene di scamorza e mozzarella”, rollitos de berenjena con calabacín y quesos scamorza (un queso ahumado típico italiano) y mozzarelaa. Son ligeros al no ir rebozados ni fritos, y el contraste de ambos quesos resulta muy interesante. Los “Panzerotti fritti ripieni di primosale, acciughe e pomodorini” (empanadillas fritas rellenas de queso y acompañadas de tomaté concassé) son un poco aceitosas, aunque el tomatito tierno mitiga un poco la sensación de pesadez. Las alcachofas fritas, un poco estilo las de Arzábal, son crujientes y están muy bien fritas. Otros entrantes que ofrecen son mejillones con tomate, focaccia blanca con embutidos italianos (recomendable para compartir) y alguna ensalada.

Pero aquí el auténtico protagonista es la pasta. Pasta perfecta de cocción, muy al dente, tanto que al comensal español le puede resultar incluso dura, pero que sin embargo está perfecta para los cánones italianos. Las propuestas de la Taverna nunca fueron sencillas, y tampoco lo iban a ser aquí. No encontraremos pues una pasta con salsa de tomate, y unos raviolis con crema, sino creaciones mucho más complejas, que se sirven todas ellas en medias raciones, a un precio de entre € 5 y € 7. Me gustan especialmente los tagliolini con zumo de Sicilia al mortero y los fusilli con cuatro tomates y salsa de ricotta salada de oveja. Otras propuestas incluyen unos sabrosos fettuccini con setas, unos spaghetti con sardinas e hinojo Siciliano e incluso unos divertidos spaghetti con albóndigas.

La casquería tiene también un papel importante, ya que nos ofrecen platos tan dispares como un caldo con callos, una ensalada de lengua, un plato de tendones y cartílagos en salsa o unos ravioli rellenos de higaditos. Todo ello, como las anteriores propuestas, en medias raciones pero que resultan perfectas para tomar dos platos por persona y probar cosas diferentes. El precio de esta “parte baja” está muy muy ajustado, entorno a € 20 por persona o menos incluso.

Subamos ahora las escaleras que conducen al “Mercato Arriba”. Como decía, aquí nos encontramos un ambiente mucho más cuidado, más lujoso y delicado. La carta cambia radicalmente, y también los precios. En “Mercato Abajo” podemos pedir también cualquiera de los platos del restaurante. AL revés, no lo tengo tan claro… Entre los primeros, platos como un flan de berenjenas con tomate y queso, que resulta bastante cremoso, unos chipirones en tres texturas (tartar, buñuelos y cortados en spaghetti) que dejan algo indiferente, un guiso de pulpo o un carpaccio de corvina sobre pan sardo entre otros.

Las pastas nos las ofrecen también en composiciones algo complejas. Como ejemplo, unos fetuccini con corvina en salsa de puerros (a los que a mi entender la salsa de puerros resta importancia), unos bucatini con huevas de atún y almendras o unos pappardelle con codorniz y queso de oveja al azafrán. Las pastas están más pensadas como primer plato, aunque recomiendo más tomarlas como plato principal al ser la mayoría bastante contundentes. En cualquier caso, como platos principales nos sugieren diversas carnes y pescados.

Entre los pescados, cabracho con lentejas, corvina con setas o cuscus con pescado de roca. Suelen tener también alguna sugerencia de pescado del día, interesantes para hacer a la plancha o al vapor. Para los carnívoros, una carrillada de ternera con guisantes o una pintada a la grappa con polenta. Sugieren también una hamburguesa de ternera asturiana, con elección de queso italiano, pero sinceramente, no es éste un sitio al que se venga a tomar hamburguesa. Si me permitís la recomendación, éste es un sitio para pedir pasta, que es lo que bordan. De postre, probad el tiramisú. Es soberbio.

Pese a llevar ya varios meses abiertos, el servicio es el punto más criticable. Es malo, poco profesional, en general poco simpáticos, y no ayudan nada en la elección. Ni tan siquiera son capaces de informar bien acerca de las sugerencias del día, o los vinos que ofrecen por copas. Un aspecto que sin duda tienen que mejorar radicalmente, ya que son ya muchos los comentarios que se oyen de gente que no piensa volver por el pésimo trato recibido.

Insisto en lo que comentaba al principio. Creo que la parte de abajo, para una comida o cena informal, es una magnífica opción, teniendo en cuenta no sólo el ajustadísimo precio, sino la calidad que nos sirven. Lo del restaurante de arriba, tengo más dudas. Me encantará conocer vuestros comentarios, así que los que vayáis, o si ya habéis estado, contadnos!

 

Datos de interés:

Mercato Ballaró
c/ Sta. Engracia, 24
Tel.: 91.310.16.18
Precio medio: € 20 (Mercato Abajo) y € 45 (Mercato Arriba)
Accesible silla de ruedas: Mercato Abajo

 

 

 

LA CESTA (MADRID)

18 marzo, 2011

Llevábamos tiempo queriendo conocer este nuevo proyecto impulsado por el equipo que está en el día a día al frente de Santceloni. Un equipo formado y marcado por el recientemente fallecido Santi Santamaría. La noticia de su muerte nos pilló a todos por sorpresa, y tuvo una fuerte repercusión mediática; igual que sus declaraciones en vida, cuando llegó a convulsionar en varias ocasiones los más sólidos cimientos de la exitosa gastronomía española. Sirva este post de hoy para rendirle un merecido homenaje, y enviar a sus familiares, empleados y amigos un sentido pésame. Pero hablemos ahora de La Cesta. Ubicado en esa que se está convirtiendo en la segunda gran calle gastronómica de Madrid, la calle Recoletos, (la primera probablemente sea Jorge Juan), lleva abierto desde Noviembre. Liderado como decía por tres asesores de excepción: Óscar Velasco en cocina, Abel Valverde en sala y el sumiller David Robledo, intenta aportar un concepto nuevo al panorama madrileño. Aquí no hay horarios; tampoco primeros o segundos platos, sino una lista desordenada de propuestas culinarias. Se trata de ofrecer lo que apetezca a la hora que apetezca. Abre de 12:30 del mediodía a 1:30 de la madrugada. Ningún plato está por encima de los € 20, y son muchas las propuestas apetecibles. Las raciones nos parecieron algo escasas, pero probablemente vaya con el concepto y con el interés de no tener platos demasiado caros. El local, con predominio de tonos blancos y mobiliario en acero y madera, ha sido decorado por Pascua Ortega, cuyo único error creo que ha sido no lograr reducir el ruido de este local, que lleno se hace casi insoportable. Cuenta además con una barra a la entrada en la que degustar cócteles o picar algo a cualquier hora. El servicio nos resultó algo distante, frío; y las mesas minúsculas y demasiado juntas. Como ahora os contaré, todo lo que probamos estaba muy rico, pero el resultado estuvo algo por debajo de nuestras expectativas. No por la comido, insisto, sino por el conjunto en si. En cualquier caso, sí que recomiendo conocerlo. Creo que os va a gustar.

Lo ideal aquí es compartir, y para eso está concebida la carta. Así que eso hicimos, aunque las diminutas mesas dificultan la tarea. Al ser principalmente picoteo, os indicaré los precios de cada plato para que os hagáis una idea mejor. Probamos una magnífica conserva de mejillones en escabeche casero, con pimentón y vino de jerez (€ 8). Los mejillones muy grandes, llenos de sabor y con un escabeche en su justa medida. Nos encantaron. Seguimos con una tosta de burrata (€ 11), con el pan muy crujientito y acompañada de tomate, aceitunas de Kalamata y rúcola. Plato mejorable. El sabor de la burrata se pierde con tanto aderezo. Mejor sería una buena burrata sobre la tostada, y acompañada con unas hojas de rúcola. Todo ello bien aderezado constituye de los manjares más exquisitos que hay. Probamos también las croquetas de jamón (€ 11), excesivamente caras para mi gusto y un pelín toscas. La tortilla de patata y cebolla (€ 11) se sirve entera, poco cuajada y con las patatas muy frititas. A la altura casi de las mejores tortillas de patatas de Madrid (que para mi gusto son las de Sylkar, las de Las Tortillas de Gabino, las de Txirimiri y las de La Ardosa).

Para terminar, probamos unos dados de solomillo de buey, con piperrada de cebolla y pimiento verde. Excesivamente hecha pese a haberla pedido muy roja, probablemente fue lo que menos nos convenció de la comida. Eso sí, su precio (€ 19), más que razonable. Otros platos que hemos probado en posteriores visitas han sido los dados de rape con sofrito de tomate y cebolla ( € 19), la butifarra blanca catalana con puré de hinojo (€ 12), el tartar de ternera blanca (€ 16 ) al estilo del de Santceloni aunque no nos convenció demasiado y un cremoso salmorejo de champiñones con huevos de codorniz (€ 9) , que resulta muy llamativo y diferente. La mayoría de los platos se pueden medir en medias razones (al 60 % de precio de la ración completa) y también podremos añadirles si nos apetece trufa negra con un coste adicional de € 12 los 10 gramos; una interesante opción para algunos platos.

Como no podía ser de otra forma, entre los postres destaca el plato de quesos con sus guarniciones (€ 11). Increíblemente afinados como nos tiene acostumbrados Abel en Santceloni (su “mesa” de quesos allí es probablemente la mejor del mundo), nos supieron a poco. Destaca también la mousse de chocolate con avellanas caramelizadas (€ 5,30)

La bodega es muy destacable, con precios muy razonables y una oferta muy bien seleccionada. Bastantes propuestas de vinos por copas, para completar una carta muy estudiada.

Como veis comimos bastante bien en este restaurante que permite disfrutar de una pequeña porción de la “magia” de Santceloni a una décima parte de precio. Pero empezaba diciendo que salimos un poco “apagados” de nuestra visita. Sin duda las minúsculas mesas, el mínimo espacio entre algunas de ellas, y el excesivo ruido en el local influyeron. En cuanto al precio, pese a que prometen en su web “el compromiso de todo el equipo de que la cuenta no te dejará helado, ni siquiera frío” a nosotros nos resulta algo caro, o al menos ni mucho menos tan barato como prometen. Para comer bien, hay que pedir mucho, y eso sube la cuenta. Espero no haberos confundido con tantos sentimientos encontrados y que finalmente os animéis a conocer La Cesta, dónde seguro que comeréis muy bien.

 

y no puedo acabar este post sin recordaros que hoy es el último día para pedir los magníficos espárragos Juncal que os ofrecemos este mes a través del Club de CriticasGastronomicas.com. Para nosotros los mejores espárragos que hemos probado nunca, y que son dificilísimos de encontrar. ¡No pierdas esta oportunidad! Te los mandamos a tu casa por tan sólo € 65 el lote de 6 latas (ó € 60 si alcanzamos los 100 pedidos). Puedes pedirlos mandándonos un email a criticasgastronomicas@yahoo.com. Si quieres consultar toda la información completa, la encontrarás aquí.

 

Datos prácticos:
La Cesta
c/ Recoletos, 10
28001 Madrid
Tel.: 911.400.696
Precio medio: € 45
Cierra domingos y lunes noche
Accesible silla de ruedas

PREMIOS GASTROBLOGS 2011

15 marzo, 2011

CriticasGastronomicas.com está seleccionado entre los mejores blogs de gastronomía en español. El objetivo es estar entre los 15 blogs más votados por los internautas, y a partir de ahí un jurado profesional seleccionará el mejor de entre esos 15 finalistas. Hemos llegado un poco tarde a la votación, pero con la ayuda de todos vosotros podemos conseguir estar entre los mejores.

Es muy sencillo, sólo tenéis que pinchar en este banner y os llevará directamente a la página de la votación, en la que os aparecerá como primera opción nuestro blog. También podéis votar a través del banner que dejaremos hasta el final de la votación en la columna derecha del blog.

Ah, y podéis votar todos los días hasta el 28 de marzo, eso sí una sola vez. ¡Muchas gracias por votarnos!

No puedo dejar de recordaros que el viernes se acaba el plazo para apuntarse al pedido de los exquisitos espárragos Juncal que os ofrecemos a través del Club de CriticasGastronomicas.com. Podéis ver más información en nuestro post anterior.

Club de CriticasGastronomicas.com

11 marzo, 2011

En 2006 lanzamos el blog CriticasGastronomicas.com con el objetivo de mantenerte puntualmente informado acerca de las novedades en gastronomía y restaurantes en diversas partes del mundo. Desde entonces hemos publicado casi 100 crónicas de restaurantes, hemos recibido cerca de 500 comentarios y cientos de miles de visitas. Sé que sois muchos los que nos seguís habitualmente, e incluso los que seguís las recomendaciones que os vamos dando. Para celebrar este éxito, como os habréis podido fijar, estrenamos nueva imagen y nuevo logo. ¡¡Esperamos que os guste tanto como a nosotros!!

Hoy queremos dar un paso más: Inauguramos un “Club” a través del que ofreceros periódicamente productos extraordinarios directamente desde el origen.

Productos que hemos conocido en algún momento, y que avalamos por su calidad y exclusividad. Productos que cuando los probamos por primera vez nos recuerdan a los sabores de antaño, esos que nunca deberíamos haber perdido. Se tratará siempre de producciones limitadas, exclusivas; no algo que vayáis a encontrar en vuestro supermercado habitual. Pero sobre todo, se trata de productos que cuentan con nuestro aval.

El mecanismo es simple:


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Comenzamos con los mejores espárragos que hemos probado nunca: Los espárragos de Conservas El Juncal, que desde hace más de 35 años se producen en Fitero, Navarra. Se trata de una empresa familiar, con una producción muy limitada, vendida íntegramente incluso antes de recolectarse los espárragos. Destaca su “mantequillosidad” insuperable y su intenso sabor.

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Estos espárragos son tan únicos que hasta finales de abril no nos los mandarán, recién recolectados, pero para asegurarnos la disponibilidad tenemos que realizar el pedido ya. Eso sí, hasta que no se envíen, no se os cobrarán. Tenemos un cupo muy limitado reservado, así que no dejes escapar esta oportunidad, reservada sólo para los seguidores y amigos de CriticasGastronomicas.com.

 

Sigue atento a nuestro blog. ¡La semana que viene tenemos preparada para vosotros la crítica de un restaurante que os va a encantar descubrir! Bueno, bonito y barato. Y pronto, un nuevo producto del Club.

 

 

VIRÚ (MADRID)

4 marzo, 2011

Virú es el nuevo proyecto de Kiko Zeballos, chef peruano que ocupara durante mucho tiempo la cocina de Astrid y Gastón, el primer “peruano de lujo” que abrió en Madrid (aunque “La Gorda” llevaba ya años afincado en la capital). En un local del barrio de Salamanca, en dos alturas y con un amplio comedor privado en el piso de abajo, la decoración es agradable, y el estilo muy cuidado. El servicio es muy bueno: atento, educado, servicial, pero sin llegar a los excesos que son tan comunes en muchos lugares de Latinoamérica. Kiko en esta ocasión intenta compaginar los platos más típicos de la cocina peruana, con otros que ha ido re-interpretando él, y que hacen su comida no sólo moderna, sino a la vez asequible para el público en general, a veces un poco “miedoso” ante algunos platos exóticos. Ofrece actualmente un menú degustación a un precio muy bueno ( € 40 IVA incluido), y otro más completo y a un precio ya más elevado ( € 70 ). El menú “básico”, denominado K’ata (que significa Particula. adj. Unico. en Quechua) es una magnífica elección para adentrarse en esta cocina y conocer algunos de los mejores platos de este nuevo restaurante, que estoy seguro disfrutaréis tanto como lo hice yo.

Empezamos con unos pequeños “pasatiempos” a base de plátano macho, yuca, y algunos frutos secos. Buen acompañamiento para una cerveza peruana, que es lo que probablemente más maride con la cocina peruana. La carta de vinos además es probablemente la única pega en este restaurante. Le hace falta una revisión y ampliar la oferta.

Pero entremos en materia. Tras un chupito con una crema de marisco muy sabrosa, empezamos con un ceviche de corvina con langostinos, servido con cebolla morada, zumo de lima y ají limo. Nos pareció muy logrado, con los trozos de pescado de un tamaño perfecto, un toque picante, la acidez justa de la lima, y acompañando unos curiosos granos de maiz, crujientes por fuera y tiernos por dentro. Seguimos con una típica “causa” limeña. La causa es un plato muy típico de la cocina peruana, que tiene un origen precolombino, y se prepara a base de papas amarillas, ají y limón principalmente. En este caso rellena de melocotón a la parrilla y pollo. Como acompañamiento una ensalada de quinua, ese cereal tan extendido en Sudamérica, y que apenas utilizamos en Europa.

El menú sigue con un pescado y una carne. Como pescado, el “Sullana Cod”, un lomo de bacalao confitado sobre sopa de pescado, leche y huevo de codorniz. El bacalao sabroso, en su punto, con bastantes notas aromáticas, y el acierto de la leche que le aporta suavidad al conjunto. Un gran plato de bacalao. Como carne, nos ofrecieron un lomo alto a la parrilla, que venía acompañado de un trigo meloso y setas. La carne estaba perfecta de plancha, aunque probablemente fue el plato que menos nos sorprendió de toda la carta. Nos quedamos con ganas en cambio de probar un pez mantequilla con costra del que todo el mundo habla maravillas. Viene en costra de especias con emulsión de papa y albahaca, salsa agridulce de lulo y tubérculos crujientes. La oferta de pescados se completa con bonito y raya. Entre las carnes, además del lomo, cochinillo y ají de gallina.

Los postres peruanos me resultan por lo general demasiado dulces, pero en este caso el postre no estaba mal. Por supuesto se trataba del clásico suspiro (postre típico peruano a base de claras de huevo, leche y azúcar, muy muy dulce), pero en versión mango. Es decir, un cremoso de mango con crema de coco y espuma de guanábana. Completó la comida un rico café. No podemos olvidarnos tampoco del excepcional pan, al estilo del que había al principio en Astrid & Gastón, pero incluso mejor.

Estamos por tanto ante un gran restaurante peruano, que hace sombra a los ya asentados en Madrid, con precios más ajustados y grandes perspectivas a futuro. Nos ha gustado el servicio, la comida, el ambiente, e incluso el precio. Muy recomendable por tanto.  Dispone además de una gran barra en el piso superior, en la que degustar sus estupendos pisco sour en un ambiente algo más relajado.

Ah, y por cierto… atentos al próximo post que os daremos una sorpresa…! No os cuento más, pero sé que os gustará!!!

 

Datos prácticos:

Virú
c/ Claudio Coello, 116
28006 Madrid
Tel.: 91.561.77.71
Precio medio: € 50
Escaleras en la entrada.

KASANOVA (Madrid)

23 febrero, 2011

Sin duda curioso lo de este sitio. Está muy de moda en determinados círculos gastronómicos, pese a que el local no es especialmente atractivo, y tampoco se encuentra en una zona con demasiada tradición de buena cocina. Pero sin lugar a dudas nos apetecía conocerlo, y poder dar nuestra opinión de primera mano. Ubicado en la calle Alcalde Sainz de Baranda (cerca de Narvaez), la entrada tiene pinta más de bar de barrio que otra cosa. El primer salón con el que te encuentras parece un pequeño bar de pueblo desangelado. Sin embargo, ya ahí se divisan unas vitrinas con una importante colección de ginebras, whiskys y otros espirituosos, que nos hace pensar que nuestra primera impresión puede ser errónea.

Pedimos varios entrantes para compartir, con el objeto de probar una selección amplia de una carta que incluso resulta demasiado extensa (esto es cada vez más común en los italianos en España, y lejos de resultar positivo, yo creo que acaba cansando al comensal. mejor una cuidada oferta, que mucha y no tan cuidada). Empezamos con una burrata de puglia, con aceite y orégano. Bastante sabrosa. La burrata no hace tanto era un producto reservado a los más selectos restaurantes. Sin embargo está ya muy extendida en España, y son muchos los lugares ya en que se puede degustar una muy correcta. Sí eché de menos, como sucede en la mayoría de restaurantes, que acaben de preparar la burrata a la vista del cliente, con un toque de un buen aceite y pimienta fresca. La acompañamos con un poco de focaccia blanca. Seguimos con unas berenjenas a la parmiggiana, con tomate y jamón, bastante logradas.

También probamos varias pizzas, todas ellas de masa bastante fina, y que nos gustaron bastante. Pedimos la clásica margarita (muy lejos de la de Ouh Babbo! del que ya hablamos aquí hace tiempo), una “diavola”, con salami picante y por último una de boletus que nos recomendaron mucho, y que además de obviamente boletus llevaba también rucola y tomatitos. En cualquier caso, algo menos celebradas no sólo que las de Ouh Babbo! como decía antes, sino algo por debajo de las de Pulcinella.

Para los segundos platos, casi todos pedimos pastas, empezando por la lasagna della mamma, que recomiendan como su plato estrella. Lleva tomate, carne picada, apio, zanahorias, nata, guisantes y parmesano y va gratinada al horno. Tuvo bastante éxito, aunque tampoco como para que sea el plato “más celebrado” de la carta. En el apartado de pastas rellenas probamos los fagottini de queso scamorza y trufa (muy insulsa, sin sabor, y con la pasta pasada), el ravioli gigante, relleno de mozzarella, piñones, almendras, nueces y parmesano, que nos gustó algo más, y por último los panzerotti al funghi, con boletus y aceite de trufa negra. Abusan mucho en este restaurante del aceite de trufa negra. Además (costes obligan!) se trata de un aceite que no tiene demasiado aroma, y que acaba aportando más un aspecto grasiento al plato que sabor.

Probamos varias pastas largas también. Los linguine de trufa, con champiñón, nata, parmesano y crema de trufa (de nuevo con la trufa… Parece que le da clase al restaurante y permite subir la cuenta, pero aquí desde luego no aporta nada). Los linguine de marisco, con carabineros estaban perfectos de punto, muy al dente, aunque excesivamente fuertes. Sin embargo, probablemente fue el plato de pasta que más éxito tuvo. En pequeñas cantidades era un acierto, aunque probablemente el plato entero acabe resultando pesado y canse. La carbonara la ofrecen en la versión “española” (con nata – yo la odio!!) y en la versión italiana original (con yema de huevo – por cierto que yo preparo una buenísima…). Yo pedí esta última. Gran fracaso. Hace tanto que no como una buena carbonara en Madrid… Excesivamente salada, pesada, sin alma…

 

Ginebras

En el apartado de carnes pedimos un carpaccio de solomillo, aliñado con aceite, limón y parmesano. Igual que con la burrata, le faltó acabarse en la mesa. Por último, unos dados de solomillo, salteados con aceto balsamico. Muy buen punto de carna y bien presentada, aunque fallaba el producto; la carne no era tan buena como debiera ser.

De postre, un tiramisu casero correcto, una tarta de limón bastante normalita, y una de las peores panna cottas que hemos probado en mucho tiempo. La carta de vinos sorprende para un restaurante así. Muy extensa y completa, con referencias incluso selectas, a precios algo subiditos eso sí. La carta de espirituosos, impresionante. Digna de un restaurante de tres estrellas.

De precio, nos pareció algo carete (tampoco demasiado…). Salimos por unos € 50 por persona (éramos 10), con 4 botellas de vino ( € 100 en total) y 6 copas ( € 50 en total). Salimos todos algo decepcionados. Es cierto que tienen algunos platos de mucha calidad, pero la sensación fue de haber ido de más a menos. Los entrantes y las pizzas merecen la visita; las pastas tienen que mejorarlas y mucho; los postres son muy muy regulares. El servicio, limitado, y falta alguien italiano que le dé más credibilidad a su cocina. Al final, un sitio al que se va a tomar burrata, melanzane a la parmiggiana, pizza y un buen gin-tonic de los más de 50 que tienen en carta.

Datos prácticos:

Kasanova
c/Alcalde Sainz de Baranda, 44
28009 Madrid
Tel.: 91.127.20.20
Precio medio: € 40
Accesible silla de ruedas
Parking cercano
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